viernes, 5 de junio de 2009

Poesía: Ricardo Marcenaro. El Árbol De Cézanne




Cézanne pinta árboles por Olivos trepado al aire. Él es invisible, sus verdes barridos no. Claro lo percibo.

Puede ser que desde el balcón de una nube un avión lo traiga, brocha en mano, disfrazado de gitano.

Miro, no entiendo nada.


Cortázar fotografiaba afiches de anuncios despellejados, amaba las capas, la trama inusitada, la construcción pública.

Pienso: oculto estoy detrás del paso, camina la acera bajo mis pies quietos, pasan los humanos como personajes de Hopper.

Todo puede ser.


Un temblor asfixiado se siente subir del asfalto, es un eco a rezo de adoquines cubiertos, de mateos* que circulan en la memoria de la lluvia, en esta misma calle, de madrugada, cuando nadie se atreve y el progreso se desviste.

Secreto regalo, al conjuro, luego de una senda de luna abierta sobre la superficie del río, desde el espigón, abrazados.

Veo.


Aún así, no entiendo nada.


Comprendido.

Nunca me cansaré de sentir.

Tengo una llama dentro.




RM (texto y foto)


(*Mateo: en Argentina se le dice a un carro descapotable, tirado por un caballo que funciona como un taxi y que tiene dos asientos dobles enfrentados para llevar pasajeros, actualmente se usan para pasear turistas en la zona de Plaza Italia)


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