jueves, 30 de julio de 2009

RESPIRADOR


No mueras de un día a otro, luego de arraigarme y hacernos temblar,

Tos, nave, sobre las olas de acero, carne.

Retumba la voz de tu mano que suplica: no escuches decir desiertos abecedarios que desplantan encordándote, mis uñas sangran sobre el ojo que al cerrarse dormido añorará tu hálito,

Entierro imposible, simulacro de la saliva que como una bomba de estrellas muertas, gime, gime, gime, la bronca.

Así la fiebre nos lleva de hospital en hospital hasta que totalmente negros, no somos siquiera tierra, alambre cocido al corazón, vientres en el cedazo.

Frío, fría, frío, el invierno oculta bajo las frazadas almendros truncos, bulbos sin coyuntura que quizás en primavera asombren la oscuridad, perfumadas de sangre, tras un almohadón de hojas amnésicas. Fuego.

Y si intentas saber, ignora, como el botón se abre despierto, despierta, despierto.

El rayo en la frente es fiebre, arena que aún si pulir lastima, como un acordeón de clavos. Respirador.




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