lunes, 26 de agosto de 2013

Escritura: Juan Bosch - Apuntes sobre el arte de escribir cuentos - Los maestros escriben acerca del arte de narrar - Links








Apuntes sobre el arte de escribir cuentos


El cuento es un género antiquísimo, que a través de los siglos ha tenido y mantenido el favor público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón el cuentista debe sentirse responsable de lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas.

Lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir cuentos es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos. Lo segundo se refiere al género. ¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento.

"Importancia" no quiere decir aquí novedad, caso insólito, acaecimiento singular. La propensión a escoger argumentos poco frecuentes como tema de cuentos puede conducir a una deformación similar a la que sufren en su estructura muscular los profesionales del atletismo. Un niño que va a la escuela no es materia propicia para un cuento, porque no hay nada de importancia en su viaje diario a las clases; pero hay sustancia para el cuento si el autobús en que va el niño se vuelca o se quema, o si al llegar a su escuela el niño halla que el maestro está enfermo o el edificio escolar se ha quemado la noche anterior.

Aprender a discernir dónde hay un tema para cuento es parte esencial de la técnica. Esa técnica es el oficio peculiar con que se trabaja el esqueleto de toda obra de creación: es la "tekné" de los griegos o, si se quiere, la parte de artesanado imprescindible en el bagaje del artista.

A menos que se trate de un caso excepcional, un buen escritor de cuentos tarda años en dominar la técnica del género, y la técnica se adquiere con la práctica más que con estudio. Pero nunca debe olvidarse que el género tiene una técnica y que ésta debe conocerse a fondo. Cuento quiere decir llevar cuenta de un hecho. La palabra proviene del latín computus, y es inútil tratar de rehuir el significado esencial que late en el origen de los vocablos. Una persona puede llevar cuenta de algo con números romanos, con números árabes, con signos algebraicos; pero tiene que llevar esa cuenta. No puede olvidar ciertas cantidades o ignorar determinados valores. Llevar cuenta es ir ceñido al hecho que se computa. El que no sabe llevar con palabras la cuenta de un suceso, no es cuentista.

De paso diremos que una vez adquirida la técnica, el cuentista puede escoger su propio camino, ser "hermético" o "figurativo" como se dice ahora, o lo que es lo mismo, subjetivo u objetivo; aplicar su estilo personal, presentar su obra desde su ángulo individual; expresarse como él crea que debe hacerlo. Pero no debe echarse en olvido que el género, reconocido como el más difícil en todos los idiomas, no tolera innovaciones sino de los autores que lo dominan en lo más esencial de su estructura.

El interés que despierta el cuento puede medirse por los juicios que les merece a críticos, cuentistas y aficionados. Se dice a menudo que el cuento es una novela en síntesis y que la novela requiere más aliento en el que la escribe. En realidad los dos géneros son dos cosas distintas; y es es más difícil lograr un buen libro de cuentos que una novela buena. Comparar diez páginas de cuento con las doscientas cincuenta de una novela es una ligereza. Una novela de esa dimensión puede escribirse en dos meses; un libro de cuentos que sea bueno y que tenga doscientas cincuenta páginas, no se logra en tan corto tiempo. La diferencia fundamental entre un género y el otro está en la dirección: la novela es extensa; el cuento es intenso.

El novelista crea caracteres y a menudo sucede que esos caracteres se le rebelan al autor y actúan conforme a sus propias naturalezas, de manera que con frecuencia una novela no termina como el novelista lo había planeado, sino como los personajes de la obra lo determinan con sus hechos. En el cuento, la situación es diferente; el cuento tiene que ser obra exclusiva del cuentista. Él es el padre y el dictador de sus Criaturas; no puede dejarlas libres ni tolerarles rebeliones. Esa voluntad de predominio del cuentista sobre sus personajes es lo que se traduce en tensión por tanto en intensidad. La intensidad de un cuento no es producto obligado, como ha dicho alguien, de su corta extensión; es el fruto de la voluntad sostenida con que el cuentista trabaja su obra. Probablemente es ahí donde se halla la causa de que el género sea tan difícil, pues el cuentista necesita ejercer sobre sí mismo una vigilancia constante, que no se logra sin disciplina mental y emocional; y eso no es fácil.

Fundamentalmente, el estado de ánimo del cuentista tiene que ser el mismo para recoger su material que para escribir. Seleccionar la materia de un cuento demanda esfuerzo, capacidad de concentración y trabajo de análisis. A menudo parece más atrayente tal tema que tal otro; pero el tema debe ser visto no en su estado primitivo, sino como si estuviera ya elaborado. El cuentista debe ver desde el primer momento su material organizado en tema, como si ya estuviera el cuento escrito, lo cual requiere casi tanta tensión como escribir.



Juan Bosch recorriendo un ingenio
República Dominicana


El verdadero cuentista dedica muchas horas de su vida a estudiar la técnica del género, al grado que logre dominarla en la misma forma en que el pintor consciente domina la pincelada: la da, no tiene que premeditarla. Esa técnica no implica, como se piensa con frecuencia, el final sorprendente. Lo fundamental en ella es mantener vivo el interés del lector y por tanto sostener sin caídas la tensión, la fuerza interior con que el suceso va produciéndose. El final sorprendente no es una condición imprescindible en el buen cuento. Hay grandes cuentistas, como Antón Chejov, que apenas lo usaron. "A la deriva", de Horacio Quiroga, no lo tiene, y es una pieza magistral. Un final sorprendente impuesto a la fuerza destruye otras buenas condiciones en un cuento. Ahora bien, el cuento debe tener su final natural como debe tener su principio.

No importa que el cuento sea subjetivo u objetivo; que el estilo del autor sea deliberadamente claro u oscuro, directo o indirecto: el cuento debe comenzar interesando al lector. Una vez cogido en ese interés el lector está en manos del cuentista y éste no debe soltarlo más. A partir del principio el cuentista debe ser implacable con el sujeto de su obra; lo conducirá sin piedad hacia el destino que previamente le ha trazado; no le permitirá el menor desvío. Una sola frase aun siendo de tres palabras, que no esté lógica y entrañablemente justificada por ese destino, manchará el cuento y le quitará esplendor y fuerza. Kippling refiere que para él era más importante lo que tachaba que lo que dejaba; Quiroga afirma que un cuento es una flecha disparada hacia un blanco y ya se sabe que la flecha que se desvía no llega al blanco.

La manera natural de comenzar un cuento fue siempre el "había una vez" o "érase una vez". Esa corta frase tenía -y tiene aún en la gente del pueblo- un valor de conjuro; ella sola bastaba para despertar el interés de los que rodeaban al relatador de cuentos. En su origen, el cuento no comenzaba con descripciones de paisajes, a menos que se tratara la presencia o la acción del protagonista; comenzaba con éste, y pintándola en actividad. Aún hoy, esa manera de comenzar es buena. El cuento debe iniciarse con el protagonista en acción, física o psicológica, pero acción; el principio no debe hallarse a mucha distancia del meollo mismo del cuento, a fin de evitar que el lector se canse.

Saber comenzar un cuento es tan importante como saber terminarlo. El cuentista serio estudia y practica sin descanso la entrada del cuento. Es en la primera frase donde está el hechizo de un buen cuento; ella determina el ritmo y la tensión de la pieza. Un cuento que comienza bien casi siempre termina bien. El autor queda comprometido consigo mismo a mantener el nivel de su creación a la altura en que la inició. Hay una sola manera de empezar un cuento con acierto: despertando de golpe el interés del lector. El antiguo "había una vez" o "érase una vez" tiene que ser suplido con algo que tenga su mismo valor de conjuro. El cuentista joven debe estudiar con detenimiento la manera en que inician sus cuentos los grandes maestros; debe leer, uno por uno, los primeros párrafos de los mejores cuentos de Maupassant, de Kipling, de Sherwood Anderson, de Quiroga, quien fue quizá el más consciente de todos ellos en lo que a la técnica del cuento se refiere.

Comenzar bien un cuento y llevarlo hacia su final sin una digresión, sin una debilidad, sin un desvío: he ahí en pocas palabras el núcleo de la técnica del cuento. Quien sepa hacer eso tiene el oficio de cuentista, conoce la "tekné" del género. El oficio es la parte formal de la tarea, pero quien no domine ese lado formal no llegará a ser buen cuentista. Sólo el que lo domine podrá transformar el cuento, mejorarlo con una nueva modalidad, iluminarlo con el toque de su personalidad creadora.

Ese oficio es necesario para el que cuenta cuentos en un mercado árabe y para el que los escribe en una biblioteca de París. No hay manera de conocerlo sin ejercerlo. Nadie nace sabiéndolo, aunque en ocasiones un cuentista nato puede producir un buen cuento por adivinación de artista. El oficio es obra del trabajo asiduo, de la meditación constante, de la dedicación apasionada. Cuentistas de apreciables cualidades para la narración han perdido su don porque mientras tuvieron dentro de sí temas escribieron sin detenerse a estudiar la técnica del cuento y nunca la dominaron; cuando la veta interior se agotó, les faltó la capacidad para elaborar, con asuntos externos a su experiencia íntima, la delicada arquitectura de un cuento. No adquirieron el oficio a tiempo, y sin el oficio no podían construir.

En sus primeros tiempos el cuentista crea en estado de semiinconsciencia. La acción se le impone; los personajes y sus circunstancias le arrastran; un torrente de palabras luminosas se lanza sobre él. Mientras ese estado de ánimo dura, el cuentista tiene que ir aprendiendo la técnica a fin de imponerse a ese mundo hermoso y desordenado que abruma su mundo interior. El conocimiento de la técnica le permitirá señorear sobre la embriagante pasión como Yavé sobre el caos. Se halla en el momento apropiado para estudiar los principios en que descansa la profesión de cuentista, y debe hacerlo sin pérdida de tiempo. Los principios del género, no importa lo que crean algunos cuentistas noveles, son inalterables; por lo menos, en la medida en que la obra humana lo es.





La búsqueda y la selección del material es una parte importante de la técnica; de la búsqueda y de la selección saldrá el tema. Parece que estas dos palabras -búsqueda y selección- implican lo mismo: buscar es seleccionar. Pero no es así para el cuentista. Él buscará aquello que su alma desea; motivos campesinos o de mar, episodios de hombres del pueblo o de niños, asuntos de amor o de trabajo. Una vez obtenido el material, escogerá el que más se avenga con su concepto general de la vida y con el tipo de cuento que se propone escribir.

Esa parte de la tarea es sagradamente personal; nadie puede intervenir en ella. A menudo la gente se acerca a novelistas y cuentistas para contarles cosas que le han sucedido, "temas para novelas y cuentos" que no interesan al escribir porque nada le dicen a su sensibilidad. Ahora bien, si nadie debe intervenir en la selección del tema, hay un consejo útil que dar a los cuentistas jóvenes: que estudien el material con minuciosidad y seriedad; que estudien concienzudamente el escenario de su cuento, el personaje y su ambiente, su mundo psicológico y el trabajo con que se gana la vida.

Escribir cuentos es una tarea seria y además hermosa. Arte difícil, tiene el premio en su propia realización. Hay mucho que decir sobre él. Pero lo más importante es esto: El que nace con la vocación de cuentista trae al mundo un don que está en la obligación de poner al servicio de la sociedad. La única manera de cumplir con esa obligación es desenvolviendo sus dotes naturales, y para lograrlo tiene que aprender todo lo relativo a su oficio; qué es un cuento y qué debe hacer para escribir buenos cuentos. Si encara su vocación con seriedad, estudiará a conciencia, trabajará, se afanará por dominar el género, que es sin duda muy rebelde, pero dominable. Otros lo han logrado. Él también puede lograrlo.



Juan Bosch




Juan Emilio Bosch Gaviño (30 de junio de 1909 - 1 de noviembre de 2001) fue un cuentista, ensayista, novelista, narrador, historiador, educador y político dominicano. Bosch fue el primer presidente de la República Dominicana elegido democráticamente mediante el sufragio secreto y universal para un período de cuatro años, su gobierno resultó efímero tras ser derrocado casi siete meses después de asumir la presidencia. Fue el líder de la oposición dominicana en el exilio contra el régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo durante más de 25 años. Además fue el fundador tanto del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939, como del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en 1973.1

A Bosch se le considera uno de los escritores más preclaros de Latinoamérica destacándose en el cuento.2
Cuentos

    La Mujer (1933)
    Camino Real (1933)
    La Bella Alma de Don Damián (1939)
    Dos Pesos de Agua (1941)
    Luis Pie (1942)
    Maravilla (1946)
    En Un Bohío (1947)
    Callejón Pontón (1948)
    La Muchacha de la Guaira (1955)
    Cuentos de Navidad (1956)
    Cuentos Escritos en el Exilio (1962)
    Más Cuentos Escritos en el Exilio (1962)
    Cuentos Escritos Antes del Exilio
    Cuentos (1983)
    Cuentos Selectos (1992)
    El Algarrobo
    Cuentos Más Que Completos
    Todo Un Hombre
    Fragata
    Dos Amigos
    Un Niño
    El Río y Su Enemigo
    Un Hombre Virtuoso
    El Difunto Estaba Vivo
    Mal Tiempo
    El Socio
    Capitán
    Los Últimos Monstruos
    Rosa

Novelas

    La Mañosa (1936)
    El Oro y la Paz (1975)

Ensayos y Artículos

    Indios, Apuntes Históricos y Leyendas (1935)
    Mujeres en la Vida de Hostos (1938)
    Hostos, el Sembrador (1939)
    Judas Iscariote, el Calumniado (1955)
    Póker de Espanto en el Caribe (1955)
    Cuba, la Isla Fascinante (1955)
    Apuntes Sobre el Arte de Escribir Cuentos (1958)
    Trujillo: Causa de Una Tiranía Sin Ejemplo (1959)
    Simón Bolívar, Biografía Para Escolares (1960)
    Apuntes Para Una Interpretación de la Historia Costarricense (1962)
    David, Biografía de Un Rey (1963)
    Bolívar y la Guerra Social (1964)
    Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana (1964)
    El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo (1966)
    Dictadura Con Respaldo Popular(1969)
    De Cristóbal Colón a Fidel Castro (1969)
    Breve historia de la oligarquía (1970)
    Composición Social Dominicana (1970)
    El Caribe: Frontera Imperial (1970)
    Tres Conferencias Sobre el Feudalismo (1971)
    La Revolución Haitiana (1971)
    De México a Kampuchea (1975)
    Guerrilleros y Crisis Eléctrica (1975)
    De la Concordia a la Corrupción (1976)
    EL Napoleón de las Guerrillas (1976)
    Viaje a los Antípodas (1978)
    La Revolución de Abril (1980)
    Juan Vicente Gómez: Camino del Poder (1982)
    La Guerra de la Restauración (1982)
    Las Clases Sociales en República Dominicana (1982)
    Perfil Político de Pedro Santana (1982)
    El Partido: Concepción, Organización y Desarrollo (1983)
    Capitalismo, Democracia y Liberación Nacional (1983)
    La Pequeña Burguesía en la Historia de la República Dominicana (1985)
    La fortuna de Trujillo (1985)
    El Capitalismo Tardío en la República Dominicana (1986)
    Máximo Gómez: De Monte Cristi a la Gloria, Tres Años de Guerra en Cuba (1987)
    El Estado: Sus Orígenes y Desarrollo (1987)
    Textos Culturales y Literarios (1988)
    Las Dictaduras Dominicanas (1988)
    33 Artículos de Temas Políticos (1988)
    La Función del Líder (1988)
    Consideraciones Acerca del Político: La Vocación y el Oficio (1989)
    La Revulución Rusa Comenzó en 1905 (1989)
    No Todas las Revoluciones Han Tenido Programa
    Obras Completas I y II (1989)
    El PLD: Un Partido Nuevo en América (1989)
    Temas Económicos I y II (1990)
    El PLD: Colección de Estudios Sociales (1990)
    Obras Completas III y IV (1990)
    Temas Históricos I (1991)
    Breve Historia de los Pueblos Árabes (1991)
    Obras Completas V, VI y VII (1991)
    Obras Completas VIII (1992)
    Obras Completas IX (1993)
    Ideología y Táctica en la Actividad Política
    Táctica y Estrategia
    Opiniones Sobre Cultura Política
    Algunos Conceptos Acerca del Estado: Cómo Funciona Ese Aparato de Poder
    Las Luchas Obreras en los Estados Unidos
    En la República Dominicana la Social Democracia es Una Estafa Política
    Simón Bolívar el de las Luchas Portentosas
    La Muerte de Trujillo: Secreto Develado
    Haití a Través de Su Historia
    La Crisis Capitalista en la Economía Norteamericana
    Los Dólares Que Nos Prestan Valen Cada Vez Menos





Conferencias

    Tres Conferencias Sobre la Inflación.
    Mon Cáceres, el Tiranicida.
    García Godoy y Su Obra.
    El PRD y la Lucha de Clases.
    Opinión Sobre Dos Novelas de Gabriel García Márquez y Una de Miguel Otero Silva.
    Las Panteras Negras: Un Caso de Sociología Política.
    Datos Para la Historia del Azúcar en la República Dominicana.
    Prólogo Indispensable a Una Breve Historia de la Oligarquía.

Reconocimientos y condecoraciones

    En 1943, Obtiene el premio Hernández-Catá en Cuba por su cuento Luis Pie.
    En 1944, Obtiene el Premio Extraordinario Hatuey, otorgado por la Sociedad Colombista Panamericana.
    En 1982, fue condecorado por el gobierno cubano con la Orden Félix Varela.
    En 1988, es condecorado por el presidente Fidel Castro con la Orden de José Martí. Ese mismo año obtiene el premio de mejor libro de cuentos extranjeros, de la Fundación FNAC de París, por su libro Vers le port d'Origine.
    En 1989, el presidente Joaquín Balaguer le impone la condecoración de la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Gran Cruz Placa de Oro. Un año más tarde Bosch lo devolvió.
    En 1990, obtiene el Premio Nacional de Literatura, el cual compartió con su rival político Joaquín Balaguer.
    En 1993, es investido como Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Ese mismo año es investido como Doctor Honoris Causa en Letras por el City College de la Universidad de Nueva York.
    En 1994, es investido como Doctor Honoris Causa en Humanidades de la Universidad O&M de Santo Domingo. Ese mismo año es declarado por el Senado y la Cámara de Diputados de la República Dominicana Maestro de la Política y Gloria Nacional.
    En 1995, recibe el premio El Guachupitazo de Oro. Ese mismo año es investido como Doctor Honoris Causa de la Universidad Tecnológica de Santiago.
    En 1996, recibe una placa de reconocimiento por sus aportes a la cultura Dominicana y por su condición de ciudadano ejemplar, durante la ceremonia de entrega de los Premios Casandra de ese año. En marzo del mismo año el embajador de Francia en República Dominicana le impone a la Orden del Mérito en el grado de Comendador de Artes y Letras.
    En 1997, Vanguardia del Pueblo, órgano del PLD, le hace entrega de una placa de reconocimiento por su obra política y literaria. Ese mismo año una nueva especie de palmera es bautizada con el nombre de Coccothrinax boschiana en su honor.
    En 1998, es condecorado por el gobierno francés con la Legión de Honor, en el grado de Gran Oficial. En junio es investido como Doctor Honoris Causa en Humanidades por las universidades Católica Tecnológica del Cibao y Pedro Henríquez Ureña.
    En 1999, el senado de la República Dominicana le otorga un pergamino que lo acredita como uno de los más grandes líderes dominicanos del siglo XX. La embajada dominicana en Quito, Ecuador inaugura una biblioteca especializada con su nombre. En octubre la Universidad, la Biblioteca Nacional y la Sociedad de Escritores de Chile le rinden un homenaje por su aporte a la literatura de lengua española. En diciambre la Federación Latinoamericana de Periodistas acoge la propuesta de la Asociación de Periodistas Profesionales de la República Dominicana para otorgar a Juan Bosch el Premio José Martí a la Excelencia del Periodismo Dominicano, en su mención Escritor Destacado del Siglo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Bosch






Links acerca del Arte de la Escritura

Anton Chejov

Italo Calvino

Jorge Luis Borges

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